“La batalla entre realidad y pura fantasía sigue en tablas. Como en aquellos tiempos, aún hoy, podría enervarte. En eso no he cambiado. Me he hecho mayor sin haber madurado.”Supongo que esto es parte de lo que acontece a las decepciones.
Miro algunas de nuestras cosas, y ya no recuerdo ni cómo llegaron hasta ahí.
Entonces, tras eso, me envuelve una sensación de conformismo, de tranquilidad, de "tía, ¿como has podido olvidarlo?", y también se siente cómo una especie de traición a mi misma.
¿Cómo he sido capaz, cuando parecía que nada había tan único cómo un puñado de conversaciones forzadas, de tickets, idas y venidas?
Y ahí comienza el problema, y acaba a la vez.
Ojalá hubiera podido mirarte en aquel momento cómo ahora miro a todos los demás.
Con la misma pasividad, con la misma poca expectación, con apatía.
Entonces nunca habrías llegado, nunca te habrías quedado.
Aunque ya lo sé, estaba planeado, como practicamente todo lo demás.
Estabas rellenando tus carencias, tus huecos entre las manos con alguien (yo) que quizás, pensaste que era más entre una multitud cargada de gente, sin más que eso, gente.
Guionizado, hecho a medida, en cada paso.
Hasta que llegó el final, cuando que supe cómo funcionaba la obra en la que me habías introducido, aun sin tener ni idea de que era la protagonista.
Y ese fue el problema, que te destapé y quité la mascara con la que tu también encabezabas el papel.
He creado una autentica revolución desde aquellos días, y es más, la he creado en muchas otras personas que han intentado alcanzarme o entenderme.
Y no han podido.
Y por eso se van.
Ya no escribo desde el dolor, ni siquiera desde la melancolía.
Porque ya no quiero nada, ni siquiera ya consigo ennervarme cuando recuerdo quienes soliamos ser.
Es una pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario