viernes, 30 de diciembre de 2016

Un mito.

"El odio se consumió en pena, y la pena, en imposibilidad."
No soy nada más que un cuerpo que vive, que va por ahí con sus demonios internos, hablándose, contándose lo que sí y lo que ya no.
Porque de hecho, hay gente que va por ahí, o casi toda, callada, de un lado para otro.
Sin nada que decirse.
La honestidad se desprende en forma de "esta soy yo, esta soy, esta seré".
No estoy huyendo, no estoy sistematizando, no estoy dejándolo estar, porque de hecho, si así fuera, no diría con orgullo que de cara y de frente, que así es, que así lo afronto.

No me basta con nadie, no me basta.

Lo jodido es, y triste:
no odiar, si no, con ego
decirme
"la pena es suya"

y así, le compadezco,
y me enorgullezco.

A veces me imagino, con pena,
como deberá ser alguien después de mí.
Me imagino (a mi) en cada rincón.
Me imagino siendo evitada (conscientemente).
Me imagino en otras piernas, u otras caderas.
Me imagino en otra historia que no es la mía.
Me imagino buscándome en cada nueva foto.

y es lo mejor, con diferencia, que podía pasarme.

y ya no es cuestión de ser, o pensar, cómo una zorra,
estoy disfrutando
(es cuestión de que ya no voy buscando preguntas
ni necesito una razón para quedarme)
es cuestión de que ni estoy,
(ni estuve)
ni nunca
jamás
volveré a estar.


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