Un banco.
Una parada de autobús.
Una colonia.
Una sábana.
Una camisa.
Un abrigo.
Un llanto.
Una cena.
Una calle jodidamente transitada.
Un parque, una plaza.
Un disco.
Unas canciones.
Un color.
Un atardecer.
Una página en blanco.
Un pelo despeinado.
Una mirada.
Ni con dos,
ni con tres,
ni con cuatro.
Sólo una.
Que duela, con intensidad.
Que cuando abras los ojos,
[y, ojalá, desates la venda]
te golpee la realidad.
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